El presidente Andrés Manuel López Obrador rindió su primer informe de gobierno en Palacio Nacional, lo que él denominó su tercer mensaje al pueblo mexicano, ya que ha determinado ofrecer un mensaje a la ciudadanía cada tres meses. Aseguró que los conservadores y reaccionarios están moralmente derrotados. También defendió sus acciones más polémicas como la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco y la renegociación de los contratos con las empresas que operan gasoductos. Fue un evento para los suyos, la oposición no tuvo cabida.

López Obrador llegó con el cabello perfectamente engomado y prefirió no utilizar la banda presidencial, como lo hacía su antecesor Enrique Peña Nieto en el mismo ritual. Los invitados se tuvieron que adecuar al nuevo código. Los gobernadores y empresarios, como Emilio Azcárraga y Carlos Slim, caminaban junto a personas que asombradas los reconocían y corrían a tomarse selfies. Ni siquiera colocaron vallas. “¿Y mi ayudita?”, soltó una señora al gobernador de Oaxaca, Alejandro Murat, quien de inmediato la abrazó.

Durante el discurso que presidió desde el Patio de Honor en Palacio Nacional, el primer mandatario aseguró que no han logrado establecer un orden neoliberal paralelo a su gobierno, pese a que muchos de sus adversarios han actuado con nerviosismo y “fuera de quicio”.

“El presidente Juárez decía, tenía una frase: ‘El triunfo de la reacción -decía- es moralmente imposible’. Están moralmente derrotados porque no han tenido oportunidad de establecer un paralelo entre la nueva realidad y el último periodo neoliberal, caracterizado por la prostitución y el oprobio, que se ha convertido en una de las épocas más vergonzosas en la historia de México”, expresó en su discurso de poco más de hora y media. A los dirigentes nacionales de la oposición no los invitaron. Por primera vez en un informe de gobierno, estos líderes no estuvieron presentes. El del PRI, Alejandro Moreno, subió un vídeo en redes para fijar su posición. Y tampoco invitaron a otra voz critica, la del presidente nacional de la Coparmex, Gustavo de Hoyos, quien en un comunicado calificó el mensaje del tabasqueño como un acto de divulgación ideológica que predica el Estado benefactor. Llegaron a la ceremonia el ombudsperson nacional, Luis Raúl González, y el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, quien en entrevistas previas al discurso del Presidente dijo que es necesario cuidar la democracia mexicana y escuchar todas las voces.

En su mensaje, López Obrador consideró que sus adversarios “viven aturdidos y desconcertados”, aseguró que no ha habido confrontación ni violencia política y se pronunció porque continúen las críticas y protestas en su contra, siempre y cuando sean legítimas.

López Obrador opinó que, si continúan con la moralización de la vida pública del país, la soberanía y el interés nacional “se impondrá a los hombres ambiciosos seducidos por el falso brillo de lo material y lo mezquino”.

Resaltó que en su gestión el poder político está separado del poder económico. Ante ello, celebró la disposición de los empresarios a recibir “utilidades razonables”, pagar sus contribuciones y ponderar el compromiso social. Y soltó uno de sus datos: sólo en los dos últimos sexenios, 108 grandes contribuyentes se beneficiaron con condonaciones por 213 mil millones de pesos.

“Los empresarios están cooperando con mayor compromiso social, invierten, crean empleos, aceptan utilidades razonables y pagan sus contribuciones. Todo ello me mantiene optimista, pero sin aflojar el paso, porque el poder es humildad y deber, y no tengo derecho a fallar”, comentó.

Tras los elogios, López Obrador hizo un llamado a la élite económica para que abandonen su obsesión por el crecimiento económico, pues lo que les debe interesar en este nuevo ciclo es la distribución equitativa de la riqueza y el desarrollo de las clases populares.

“Otro elemento básico de nuestra política es hacer a un lado, poco a poco desechar la obsesión tecnocrática de medirlo todo en función del simple crecimiento económico. Nosotros consideramos que lo fundamental no es lo cuantitativo, sino la distribución equitativa del ingreso y de la riqueza. El fin último de un buen gobierno es conseguir la felicidad de la gente”, aseveró el mandatario.

Frente a Carlos Slim, a quien le dio un especial agradecimiento por su papel en las negociaciones por los gasoductos; el presidente del Consejo Coordinador Empresarial, Carlos Salazar; el presidente del Consejo Mexicano de Negocios, Antonio del Valle, y Emilio Azcárraga, entre otros, admitió que el crecimiento económico aún no es el óptimo. “La economía está creciendo poco, es cierto, pero no hay recesión. Además, ahora es menos injusta la distribución del ingreso, es decir, hay más desarrollo y hay más bienestar”, justificó.

El Sol de México

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