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Los dos galardonados con el Premio Nobel de Economía en 2020, los estadounidenses Robert B. Wilson y Paul R.Milgrom, han tenido carreras similares que empezaron por estudios de matemática pura que luego aplicaron a la teoría económica y, concretamente, al análisis de las subastas que les valdría el galardón sueco.

Wilson, nacido en Geneva (Nebraska) en 1937, estudio matemáticas en Harvard y posteriormente hizo una maestría y un doctorado en empresariales. Su carrera como profesor se inició en Berkeley, de donde luego pasaría a Stanford, donde coincidió con Milgrom.

Las herramientas de la teoría del juego le sirvieron para analizar el comportamiento de los actores en las subastas. Antes había aplicado la teoría del juego a otros ámbitos de la economía como, por ejemplo, en su trabajo “Teoría de los sindicatos” (1968) .

Wilson es considerado como uno de los primeros economistas en utilizar la teoría de juegos para analizar situaciones de mercado en las que los actores no cuentan con el mismo grado de información.

Milgrom, nacido en Detroit en 1948, también estudio matemáticas, en la Universidad de Michigan, y luego se doctoró en Economía en Stanford, donde es profesor desde 1987.

Al igual que Wilson recurrió, para aplicarlo a fenómenos de la teoría económica, a recursos de la teoría del juego y de la teoría de las probabilidades.

Ambos son reconocidos matemáticos

Tanto Milgrom como Wilson habían ganado antes el Premio Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en 2013 y 2016, respectivamente

Milgrom tuvo la oportunidad de llevar a la práctica su teoría cundo en 1973 la Comisión Federal de Telecomunicaciones (FCC) de EEUU le pidió su ayuda para diseñar las subastas del espectro radioelécritco.

Inicialmente Milgrom se mostró reacio pero tras revisar otras propuestas que había recibido la FCC se dio cuenta que podía hacer una propuesta mejor que elaboró junto con Wilson.

Parte clave de la propuesta era abandonar el sistema de las ofertas en sobre cerrado y hacer pujas abiertas para que cada empresa pudiera ver lo que las otras ofrecían.

Ese sistema ha sido entre tanto adoptado por las administraciones de todo el mundo para subastas del espectro radioeléctrico y otras subastas públicas.

El Heraldo

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