De las 187 zonas arqueológicas que hay en el país, la mayoría de las visitas se registran en Teotihuacán, Chichén Itzá y Tulum

De acuerdo con el Sistema Institucional de Estadísticas de Visitantes del INAH, marzo es el mes con el mayor número de visitantes, incluso por encima de diciembre, abril y agosto, las tres temporadas vacacionales.

El registro de 2018 resalta que, durante los 12 meses del año, los museos, monumentos históricos y zonas arqueológicas recibieron a 27 millones 261 mil 625 personas.

Marzo tuvo el mayor número de visitantes, al reportar 2 millones 619 mil 588 personas accesos, según las estadísticas, de los cuales 70 por ciento acudieron a alguna zona arqueológica del país, es decir más de un millón 819 mil visitantes.

Al revisar los registros por sitio, los cinco más visitados son Teotihuacán, en el Estado de México, a donde acudió el 26.76 por ciento de turistas (486 mil 993 personas).

El segundo lo ocupa Chichén Itzá, Yucatán, con 13.64 por ciento (248 mil 282 personas); el tercero es para Tulum, Quintana Roo, con 11.20 por ciento y 203 mil 809 personas.

El cuarto lugar lo tiene Palenque, Chiapas, con el 5.17 por ciento de visitantes (94 mil 31 personas) y al último Cobá, Quintana Roo, con 3.99 por ciento (72 mil 690 turistas).

En cuanto al origen de los turistas, 77 por ciento son visitantes nacionales y el 23 por ciento restante, extranjeros.

¿A CARGARSE DE ENERGÍA?

Según información del Instituto de Astronomía de la UNAM, este año la primavera llegará este miércoles a las 15:58 horas.

La tendencia de ir a cargarse de energía a las zonas arqueológicas del país es una práctica de origen moderno; sin embargo, la constante llegada de turistas a estos lugares ha generado que se amplíen las ofertas de recreación para este sector, de acuerdo con el consultor turístico Ulises Arzate.

Por su parte, Rosalba Torres, investigadora del INAH mencionó que además de las nuevas tradiciones que se forman, también se crean rituales y sanaciones que no precisamente son de épocas prehispánicas.

Además, dijo que la afluencia de visitantes podría poner en riesgo las zonas arqueológicas, ya que no sólo implica que haya un mayor número de personas al mismo tiempo, si no que esas personas traen comida, basura y algunos no respetan los sitios.

En 2006, el INAH tomó medidas, comenzó a cobrar el ingresó a los sitios arqueológicos para frenar el acceso masivo de visitantes, pero eso no involucra que las ruinas no se vean afectadas, dijo.

El Heraldo de México

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